29 de abril de 2026
La Pampa: “Yo quiero salir adelante trabajando, pero necesito una mano”
Juan vivía en Victorica, es tapicero y también se dedica a la construcción: “Yo quiero salir adelante trabajando, pero necesito una mano”.
“Ahora vivimos en Pico, mi esposa tiene cáncer y debe viajar a Santa Rosa para una tomografía, necesitamos ayuda para juntar $1.200.000 para el traslado, traer nuestras cosas de Victorica y poder volver a trabajar”
Con una mezcla de angustia y una fuerza que conmueve, Juan Obregón abrió su corazón ante En Boca de Todos HD y contó el durísimo momento que atraviesa junto a su esposa, Gabriela Quiroga, una joven madre de 32 años que vuelve a enfrentar serios problemas de salud después de haber superado un cáncer.
Nacido en General Pico, aunque hasta hace poco radicado en Victorica, Juan relató cómo su vida cambió por completo en cuestión de semanas. Junto a Gabriela habían logrado reconstruirse después de una batalla muy dura: hace un año y medio, ella realizó un tratamiento oncológico en Santa Rosa que dio resultado y les devolvió la tranquilidad.
“Después de tanto sufrimiento, nos habían dicho que el tratamiento había funcionado y que el cáncer estaba curado. Pensamos que por fin íbamos a poder volver a vivir en paz”, recordó.
Sin embargo, el alivio duró menos de lo esperado. Con el paso del tiempo comenzaron nuevas complicaciones de salud. Primero parecían infecciones urinarias, luego molestias cada vez más intensas, cambios de medicación, controles y una preocupación que no dejaba de crecer.
“Al principio creíamos que era otra cosa, algo tratable, pero ella empezó a empeorar cada vez más. Había síntomas que se agravaban y no encontraban con claridad qué estaba pasando”, contó Juan.
La situación se volvió desesperante cuando Gabriela sufrió una fuerte descompensación en Victorica y debió ser atendida de urgencia. Allí comenzaron estudios más complejos y finalmente fue derivada a Santa Rosa.
“En ese momento sentimos muchísimo miedo. Fue todo muy brusco, muy doloroso, y lo peor fue escuchar un diagnóstico devastador que prácticamente nos dejaba sin esperanzas”, expresó.
Según relató, en Santa Rosa una profesional les planteó un panorama extremadamente duro, hablándoles incluso de cuidados paliativos.
“Sentimos que nos derrumbaban el mundo.Nos dijeron que no tenía cura, salimos destruidos, con una tristeza imposible de explicar. Gabriela se vino abajo y yo no podía aceptar quedarme solo con esa respuesta”.
Pero Juan decidió no rendirse. Junto a su familia tomó una decisión urgente: regresar a General Pico, acercarse a sus seres queridos y buscar una nueva opinión médica.
“No podía quedarme de brazos cruzados. Teníamos que seguir intentando, por ella, por nuestros hijos, por nuestra familia”.
Ya en Pico, el panorama cambió. Su médico de confianza les explicó que existen secuelas del tratamiento anterior y que todavía hay estudios fundamentales por realizar antes de llegar a conclusiones definitivas.
“Cuando volvimos, nos dieron otra mirada, otra forma de encarar la situación. Nos devolvieron esperanza y nos dijeron que había que seguir estudiando, seguir peleando”.
Hoy, esa pelea tiene un costo enorme. Juan dejó por completo su trabajo como tapicero y también la construcción para acompañar a Gabriela en cada paso.
“Tuve que dejar todo porque hoy mi prioridad es ella. No puedo pensar en otra cosa que no sea estar a su lado”.
La familia dejó atrás su vida en Victorica de forma repentina, y actualmente viven en General Pico en una habitación prestada por familiares, con lo mínimo indispensable en calle 4 y 25.
“Nos prestaron un lugar para estar, pero estamos durmiendo en un colchón en el piso. Necesitamos una cama, traer nuestras cosas, nuestras herramientas… volver a empezar”.
Además del impacto emocional, la situación económica se volvió crítica. Deben afrontar viajes a Santa Rosa para una tomografía clave en el tratamiento de Gabriela, además del enorme costo que implica trasladar sus pertenencias y herramientas de trabajo desde Victorica.
“Lo urgente hoy es que ella pueda hacerse los estudios. Y después necesito traer mis herramientas para volver a trabajar. Yo quiero salir adelante trabajando, pero necesito una mano para poder arrancar”.
Juan no oculta su desesperación, pero tampoco pierde la dignidad.
“No estoy pidiendo por comodidad. Estoy pidiendo una oportunidad para cuidar a mi señora, para que ella esté mejor y para poder ponerme nuevamente de pie”.
Mientras familiares y vecinos colaboran con mercadería o ayuda básica, la necesidad sigue siendo enorme. Gabriela deberá afrontar un nuevo tratamiento que podría extenderse durante dos años, y Juan sabe que el camino será largo.
“Lo único que quiero es que ella tenga la comodidad que necesita, que pueda hacer su tratamiento y que nuestros hijos tengan a su mamá peleando. Yo voy a seguir a su lado hasta el final”.
Hoy, esta joven familia necesita solidaridad para afrontar pasajes, estudios médicos y el traslado de sus herramientas de trabajo, fundamentales para reconstruir su vida.